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Entre
las más importantes hipótesis competidoras al modelo del Big Bang,
la más concurrente dentro de los espacios de discusión en los círculos,
no sólo de físicos y especialistas calificados, sino que también
en los de otras disciplinas, es la llamada el «Modelo del Estado
Estacionario (Steady State)» que fue esgrimida por el matemático y
astrofísico teórico británico Fred Hoyle, y apoyada por dos de
sus colegas de origen austriaco, Thomas Gold y Hermann Bondi. "El universo
siempre ha sido y
siempre será como hoy; permanece en estado estacionario. Nunca
empezó y nunca tendrá fin..." Propugnaron filosóficamente
esta teoría sobre la base del "principio cosmológico perfecto".
La versión original del principio cosmológico, fundamental para la
teoría del Big Bang, sostiene que para cualquier observador el
universo debe parecer el mismo en cualquier lugar del espacio. La
versión perfectibilizada expande los parámetros para incluir
también el
tiempo, lo que implica que el universo debe presentar la misma cara
en cualquier momento, pasado, presente o futuro. Este principio no
se mantiene, según Hoyle y sus colegas, en la teoría del Big Bang,
pero sí se cumple si el estado
del universo fuera estacionario, alimentado por una producción
constante de materia en forma de átomos de hidrógeno. El
tipo de materia en producción aún no habría sido precisado.
Matemáticamente,
Hoyle y sus colegas, fundamentaron su propuesta en una modificación
de la relatividad general. Sus ecuaciones producen un universo en
expansión con una densidad constante, en el que la
materia-energía no diferenciada se crea a una velocidad relacionada
en las ecuaciones con ritmo de expansión. Para llenar los espacios
vacíos dejados por las galaxias en dispersión, nace
permanentemente nueva materia, creada de la energía existente, a
razón de 1 átomo por cada 500 decímetros cúbicos (1/2 m3)
de espacio y por cada 1.000 millones de años.
Los
partidarios del Estado Estacionario del Universo también estudiaron
el problema que éste presenta en cuanto a la imposibilidad de
explicar científicamente la producción de elementos pesados. Desde
mediado de los años de 1940, Hoyle había estado contemplando la
posibilidad de que los elementos se formaran por reacciones
nucleares, o nucleosíntesis, dentro de las estrellas, y había
publicado un ensayo desarrollando la hipótesis. Cuando empezó a
trabajar en la teoría del Estado Estacionario, se fue convenciendo,
cada vez más, de que la creación espontánea de la materia en
alguna forma elemental, junto con la producción de otra materia en
los crisoles estelares, explicaba la existencia de todos los
elementos de la tabla periódica. En consecuencia, no existía
ninguna razón como para pensar que el universo había partido de
una gran explosión de un único átomo primigenio.
Fred
Hoyle se unió a un grupo de investigadores que estaban trabajando
sobre la cuestión de la relativa abundancia de elementos en las
superficies de las estrellas. En conjunto, estructuraron un
exhaustivo estudio de los elementos que se acumulan en los núcleos
estelares. En un denso trabajo que publicaron en octubre de 1957 en
Review of Modern Physics, bajo el título de «Síntesis de los
elementos de las estrellas», lograron explicar la abundancia de prácticamente
todos los isótopos de los elementos desde el hidrógeno hasta el
uranio. Describieron que las estrellas, en la medida que van
gastando su combustible nuclear, transmutan el hidrógeno en helio;
el helio a carbono y oxígeno; y así sucesivamente, subiendo hasta
llegar a los más pesados de la tabla periódica. En las explosiones
de las supernovas se crean muchos de los elementos más pesados,
incluidos el platino, el oro y el uranio. Este trabajo que es un
importante logro científico, no sólo explicó la síntesis de
todos los elementos más allá del hidrógeno, sino que predijo su
formación exactamente en las mismas proporciones que ocurrían en
el universo. Pero quedó por explicar la cuestión del hidrógeno: Cómo se
genera el combustible inicial de las
estrellas.
En términos
generales, los primeros partidarios del Estado Estacionario
involucran en su propuesta la formulación de una nueva cosmología,
que restablece la estabilidad del universo. En esta teoría se
admite el movimiento de recesión de las galaxias. Pero se compensa
el enrarecimiento del universo con la hipótesis de una continua
creación de materia. Así, a pesar de la expansión, la densidad
del cosmos (galaxias y átomos) permanece invariable, y el
universo puede ser estático y eterno.
Este modelo del Estado
Estacionario o «Steady State» ha sido y es bastante popular entre
los científicos, y goza de un número más que apreciable de
adeptos que continúan sosteniéndolo hasta hoy con nuevos
argumentos. Pero es la teoría del Big Bang la más defendida y difundida
por las instituciones científicas, políticas y religiosas. Se fundamenta
principalmente en las leyes de
Hubble, la
densidad del universo y su relación con el tiempo.
Para estimar la edad
aproximada de las galaxias las observaciones de Hubble sugirieron un
cálculo sencillo: Conociendo la distancia y velocidad de las
galaxias, sólo era necesario calcular el tiempo que demoraron
en alcanzar esas distancias a la velocidad que se ha estimado que se
alejan, para tener una idea aproximada sobre su edad. Pero, los primeros cálculos
que se hicieron usando este método dieron como edad estimada para
el cosmos alrededor de 1.800 millones de años, lo que resultaba
claramente inferior a la que se conocía para el sistema solar
(4.500 millones de años). Posteriormente, gracias a una
readaptación de la escala de las distancias, se pudo obtener edades
cósmicas consecuentes con los estudios geológicos de la Tierra.
Según
la teoría del Big Bang, el origen de la radiación observada hoy en
nuestro universo [una temperatura de 2,7°K (-270°C)], se encuentra
en las emisiones generadas por un cuerpo caliente a temperaturas
homogéneas. Ese cuerpo isotermo estaría disperso en la escala del
cosmos y la radiación provendría uniformemente de todas las
direcciones.
De lo que conocemos de
nuestro universo, nada puede ser distinguido como fuente
indiscutible de esa radiación. De todos los objetos que se
han clasificado a través de las observaciones astronómicas,
ninguno reúne las condiciones de isotermia de esta radiación, llámense
galaxias, quásares, estrellas, planetas, nebulosas, ya que ellos
presentan temperaturas de escala disímil. Pues, entonces ¿de dónde
viene esa radiación? Según los
defensores del Big Bang, proviene del pasado, y lo describen de la
siguiente manera:
Corramos hacia atrás
la proyectora de la historia del universo. En la medida en que vamos
observando un aumento de la temperatura y de la densidad, iremos
viendo a los astros deshacerse y dispersarse en el espacio en una
nube ardiente, homogénea e isoterma. Esta sustancia incandescente
es la fuente de la radiación fósil y fue emitida cuando el
universo estaba a cerca de tres mil grados K, hace unos quince mil
millones de años. El universo tenía entonces casi un millón de años
y estaba estructurado en un 90% de átomos de hidrógeno. Se
ha experimentado que a 3.000°K, la agitación térmica ioniza estos
átomos. Su materia toma la forma de un plasma eléctrico, compuesto
de protones (el núcleo del átomo de hidrógeno) y de electrones
libres, quedando como una sustancia opaca a la luz. Cuando la
temperatura empieza a descender por debajo de los 3.000°K, los
electrones se fijan a los protones. Un gas de hidrógeno comienza a
invadir el universo y a hacerse transparente a la luz. La radiación
fósil se emite en ese momento, comenzando su largo periplo de miles
de millones de años luz.
Todo fósil tiene
almacenado en su memoria el pasado de su existencia.
Se
puede describir el universo hasta fracciones de segundo después de
iniciada su evolución y se espera que para mediados de la primera década
del siglo XXI, se puedan crear condiciones en los laboratorios más
allá de las logradas hasta ahora (desde los 10 microsegundos) que
no se han repetido desde las primerísimas fracciones del primer
micro segundo que siguieron a la creación del universo. En los
residuos que se generan en los laboratorios, a partir de los
experimentos de hacer chocar entre sí protones, y habiéndose
desagregado ya de la materia el plasma de quark-gluones, los físicos
experimentales esperan hallar una partícula nunca antes detectada,
llamada Higgs. Se supone que esa partícula, al explosionar
inmediatamente después del Big Bang , hace unos 14.999 millones de
años, cuando todas las fuerzas del cosmos eran un sólo campo simétrico
y unificado, actuó igual que un combo de hierro al golpear un
espejo, destrozando la perfecta simetría y repartiendo esta masa de
escombros en diferentes clases de partículas elementales, como los
electrones. Esto se extrae de la hipótesis del Big Bang. Ahora, si
no se descubre la partícula Higgs, no cabe duda que va a ser motivo
de cuestionamientos, no sólo para la hipótesis de la gran explosión,
sino también para el modelo de fuerzas y materias y sus
variantes.
Concluyendo:
En los últimos
tiempos se han formulado múltiples teorías con bastante semejanza
entre sí o se han reformulado otras que parecían destinadas a ser
olvidadas. Sin embargo, el acelerado y vasto progreso tecnológico y
las consecuentes nuevas y más precisas observaciones de todos los día,
han permitido elaborar nuevas tesis argumentadoras a favor o en
contra de teorías preexistentes o a poner en jaque a algunos
teorizantes. Desde la década de
los años 1950 los argumentos esgrimidos en contra de la hipótesis
del Big Bang se centran en objeciones filosóficas y la mayoría en
razonamientos científicos. Estas últimas siempre representan una
actualización en función de las observaciones directas. Como ya señalamos
antes, la teoría del Big Bang describe la evolución del
universo hasta un tiempo de más o menos de 10 microsegundos después
de la gran explosión inicial, pero no llega al segundo cero.
Si fuera posible que la física lo lograra en el futuro,
nuestra concepción del espacio-tiempo podría ser alterada
nuevamente de modo radical. Ahora bien, supongamos que
llegamos al espacio-tiempo cero, surge la pregunta: ¿qué ocurre en
ese instante?. El cómo ocurre es una pregunta que debe estar dentro
del campo de la física. La pregunta sobre qué hay antes de
ese instante cero, para la ciencia no tiene ningún sentido. Hay
gente que cree que sí debe tenerlo y busca un camino que permita
encontrarlo. Hay quienes dicen que es un acto de creación divina,
pero si no creemos en Dios es factible concluir que el
universo tiene un un principio y un final, entonces los tiempos
anteriores al inicial no existen: no hay espacio, no hay tiempo, no
hay materia, no hay energía, otra vez estamos fuera de la física.
Pero no se ha demostrado nada que pueda situarse fuera de la
física. De ahí la apuesta fundamental de Hoyle y sus colegas:
explicar el Universo a partir de
la física, con la física y sin salirse de la física. Esa también es nuestra apuesta.
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